Street photography para tímidos

Por Marcos Ros

La fotografía callejera es difícil, muy difícil. Ya no sólo se trata de obtener una buena composición, si no que debemos delatarnos cuando situamos la cámara en nuestro ojo denotando intencionalidad, un poco de agresión y de apropiación; y porqué no subversión.

©Marcos Ros

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La fotografía callejera es socialmente extraña. Estamos constantemente controlados por las grandes compañías (telefónicas, tecnológicas y redes sociales) por el Estado y por empresas (cámaras de videovigilancia), nos exhibimos conscientemente en Instragram con nuestros selfies y el próximo plato que vamos a degustar, por dónde hemos pasado, con quién hemos estado… Pero que alguien ajeno tome una fotografía nuestra es una agresión, genera inquietud. Es cierto que actualmente pueden hacernos “robados” (aunque deberíais olvidar que he escrito ese término) sin que nos percatemos de ello gracias a los teléfonos móviles, sin embargo que alguien se lleve la cámara a la cara lo entendemos como un acto censurable. Desgraciadamente, la privacidad es algo obsoleto, sin embargo los street photographers debemos luchar contra esos miedos para intentar generar un tipo de arte que no siempre es bien entendido.

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No voy a aleccionar aquí sobre qué es la street photography. Para mí, hay buenas y malas fotos, simplemente y si se quiere una serie de buenas y malas fotos. Qué es la “street” lo dejo para los academicistas teóricos que tratan de desentrañar el porqué hacemos lo que hacemos. Aunque es sencillo, vivimos en una ciudad y tratamos de representarla con mayor o menor fortuna.

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Pero todos los principios son difíciles. No es fácil para el que empieza comenzar a disparar a todo el que se le cruza sin creer que se llevará una reprimenda. Así que para aquellos fotógrafos que empiezan o que sienten que nunca podrán desarrollar un estilo en la street photography, permitidme que os dé una serie de consejos.

  1. Dejaos ver. No está demás mostraros lo que estáis haciendo. Paraos en una esquina y mirad, observad sin deteneros en nada ni en nadie. Haced fotos, sed parte de esa escena, naturalizaros en ella. Nadie os llamará la atención si consideran que “no estáis haciendo nada hacia nadie en particular”.
  2. Sonreid. Las sonrisas son contagiosas, sed conscientes. Las sonrisas sirven para relajar el ambiente y para mostrar empatía. Sonreid siempre y los viandantes, los retratados, simpatizarán con vosotros.
  3. Componed. Buscad un buen fondo, seguid algunas líneas, construidlas vosotros con la mirada, moviéndoos por la escena y después situad algún elemento para darle humanidad, darle un elemento de calle.
  4. No discutáis. Una fotografía no merece la pena si nuestra cámara acaba en el suelo. No sois fotoperiodistas, sois “artistas”. Si alguien no quiere aparecer en una foto, tiene su derecho. Se borra y que cada cual siga su camino.
  5. Encontrad la fotografía que realmente os gusta hacer y el equipo con el que estáis cómodos. Lo importante es la imagen no el equipo con el que se tomó.

Con todo esto, lo que quiero transmitiros es que no todo el mundo es capaz de utilizar un 28mm y plantarle la cámara a una persona como hace Bruce Gilden por las calles de Nueva York. Por supuesto que hay otro tipo de fotografía totalmente válida y menos agresiva. Más reflexiva, más pensada. Os recomiendo tres ejemplos para que echéis un vistazo. Son los fotógrafos Ernst P. Sanz, Antonio E. Ojeda o Andrés C. que bien os pueden inspirar si todavía os coarta hacer fotografía callejera.

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